En Cali se sintió una explosión de vida

Explosión de vida
Con  el ceño fruncido, los ojos entreabiertos, las manos tapándose los oídos y la boca descolgada, se vio a cientos de caleños la mañana del martes 26 de enero de 2009. No era una escena típica.

Otros ni respiraban. Eran aquellos que sólo esperaban la hora cero para disparar la cámara fotográfica o el celular con los que habían de captar el momento histórico en que el derruido edificio de cuatro pisos donde funcionó por 17 años la Ferretería Santiago de Cali de la calle 15 con carrera 16 cayera al suelo producto de las 20 explosiones detonadas a las 11:07 a.m. con intervalos de milésimas de segundo.

Tras el ulular de la sirena que alertaba a los curiosos y anunciaba que el momento tan esperado había llegado, hubo una pausa de un minuto, tiempo suficiente para que el alcalde Cali, Jorge Iván Ospina Gómez, conectara la cuchilla y se oyera un ¡cataplum! seguido de una nube de polvo que bañó pequeños sectores de los barrios Belalcázar y Guayaquil, de la Comuna 9.

Así murió un abandonado edificio para darle vida a la Troncal de Oriente. El polvo se dispersó y tan sólo quedaron tiradas en el suelo 200 toneladas de escombros. La escena no era típica, porque era la tercera vez en la historia de la ciudad que se utilizaba la práctica de “implosionar” una edificación para demolerla.

Según el ingeniero Rogelio Gómez Escobar, técnico en explosivos de la firma Atila, la primera se hizo en las instalaciones del Colegio Villegas, la segunda en el edificio de Cementos Argos y ésta es la tercera. “Fue una demolición rápida, segura, sin ondas explosivas ni problemas de sismisidad, económica y ecológica porque evitó el ruido que se produciría durante los tres meses de trabajo que duraría hacerlo con porras y taladros neumáticos. Este trabajo se preparó en tres días y el edificio cayó en dos segundos”, manifestó Gómez Escobar.

Con él coincidió el gerente de Conciviles, Luis Alberto González, quien agregó que hoy mismo nació la Troncal de Oriente y ahora vendrán dos meses de revisión, evacuación de escombros y complemento de diseños para iniciar labores en cinco frentes simultáneos: tres desde la calle 15 hasta la autopista Simón Bolívar y dos por la carrera 28 hasta la calle 92.

“Vamos a generar 2.000 empleos, siendo 1.600 indirectos y 400 directos con mano de obra calificada y no calificada de los habitantes del sector, por lo que en 15 días el Consorcio instalará dos oficinas en la zona para recepcionar las hojas de vida para personas naturales y microempresas que quieran sub contratar.

Gustavo Tenorio Rengifo, uno de los albañiles residentes del sector, apenas se dio cuenta de la generación de empleo que vendrá con las obras, se puso a preparar su hoja de vida. Recordó que Fabio Rueda, quien fuera el dueño del demolido edificio, se declaró en quiebra y le pagó a sus empleados  con los apartamentos que tenía en los tres pisos de arriba. “Ahora -dice- quiero con mis propias manos construir los parques y las estaciones del MIO que van a valorizar mi barrio”.

El comerciante Arnulfo Roa vivía en uno de esos apartamentos y en la parte de abajo tenía su negocio de montallantas. “Allí también vendía llantas de segunda, que era lo que yo hacía en Florencia (Caquetá) de donde tuve que salir como desplazado. Cuando nos sacaron del edificio todo quedó abandonado y allí hicieron de las suyas individuos como “Pescuezo”, “Jeta de bagre”, “El Morado”, “Mirringa” y otros que sembraron el terror y la inseguridad al sector. Espero que con la transformación que se va a hacer, todo esto desparezca”.

Uno de los veteranos moradores es Eduardo Edison Bolívar Quimbaya. Llegó allí hace 38 años cuando el barrio se formó producto de la invasión que se hiciera a la Hacienda 100 Palos.

“Por ser un sitio estratégico, la zona se volvió comercial y esas dos manzanas se instalaron la Serviteca Don Quin, el Restaurante de Everth Rizo, la agencia de materiales de Don Alcides, Taxímetros Montilla, una casa de inquilinato manejada por Bertha Pérez, el Bar de Don Honorio, la Ferretería Santiago de Cali con su bodega de materiales y sus apartamentos, entre otros. De eso ya no queda sino el recuerdo”.

Pero quizá la más contenta con la demolición y la futura construcción de la Troncal era Judith Vásquez, Fiscal de la Junta de Acción Comunal del barrio Belalcázar, quien agradeció al alcalde Jorge Iván Ospina y al Presidente de Metrocali, Luis Eduardo Barrera la inversión de 130 mil millones de pesos que se hará para el MIO, aparte de los nueve mil millones que se invirtieron en la adquisición de predios y los cinco mil millones de pesos destinados para la interventoría.

Por ello prometió ser veedora permanente para que las obras lleguen a buen término y la comunidad vigile y haga respetar las construcciones, especialmente los parques y zonas verdes que le darán vida y color a una comuna que se muere de tedio entre chatarrerías, talleres de mecánica, viciosos y cemento.
/William López Arango
www.cali.gov.co

2 Responses to “En Cali se sintió una explosión de vida”

  1. franco dice:

    Que vien todo sea por el bien de todos y la conformidad de muchos

  2. franco dice:

    Que bueno,todo sea por el bien de todos y la conformidad de muchos.

Deja tu Comentario