Hablar de esta feria es hablar de rumba y así se concibió desde el comienzo este carnaval caleño que en 49 años ha hecho historia. En 1957 se hizo la primera edición, pero los antecedentes de la feria caleña van más atrás y se tienen datos sobre los viejos carnavales por el centro de la ciudad, con carrozas y comparsas de disfraces elaborados y coloridos.
La historia también da fe de las tradicionales ferias semestrales de los pueblos, en las que se permitían juegos de dados, bailes en cantinas y parrandas callejeras, escandalosas para la época. Fiestas que con el tiempo desplazaron la venta de ganado y productos, para dar paso a la celebración en grande.
La evolución de las costumbres, los cambios culturales y las ganas de rumbear hicieron que se instaurara en diciembre, que coincide con el comienzo de la carnestolenda (celebraciones profanas) en el suroccidente colombiano que, a diferencia de otras regiones, comienza el 28 de diciembre y se extiende, como el resto de los carnavales, hasta febrero, el martes antes del miércoles de ceniza. Todo esto también recibió la influencia mulata, pues fue una orden del rey de España dar libertad a los negros el 5 de enero, como parte de la celebración del día de los Reyes Magos, y el 6 era el día de los blancos.
A la fiesta se le incorporaron reinado, desfiles de carrozas que en otros tiempos eran tiradas por bueyes, casetas para bailar y parrandas callejeras que recibieron con los brazos abiertos ritmos como la salsa, que se institucionalizó en la ciudad. Hoy, la Feria de Cal¡ son cinco días de fiesta, que se inaugura con la cabalgata por las calles, mantiene su reinado (de la reina de la Caña de Azúcar y luego la Panamericana se pasó al de Señorita Cali), encuentro de salseros, feria infantil, tascas con comida internacional, eventos deportivos y el desfile del Carnaval de Cali viejo, que revivió con fuerza y ya elige su rey Momo.